Berrinche

Hola, buen día Divergentes. Muchas gracias por aceptarme como contribuidor en este blog. Les voy a contar la parte de mi historia personal que tiene que ver con esto del software libre y de las tecnologías de la información. Una historia que se remonta a la mitad de los años 90’s y que ha tenido profundas implicaciones en mi vida.

Mi nombre es Alvaro y soy originario de Celaya. Estudié Ingeniería Mecánica en el Instituto Tecnológico de Celaya aunque a estas alturas de la vida no puedo decir que me considere un orgulloso lince. Tengo una maestría también en Ingeniería Mecánica pero esta vez por la Universidad de Guanajuato y un doctorado en Ciencias de los Materiales por la Universidad de Manchester en el Reino Unido. Ninguna de estas credenciales tiene que ver con el software libre o las tecnologías de la información. Ahí es donde empieza esta historia.

Elegí mal lo que quería estudiar. Me explico, debí haber estudiado la carrera de Ingeniería en Sistemas Computacionales que ofrecía el Tec. o ya de perdida Electrónica. Pero no. Decidí ir estudiar ingeniería mecánica que  es una disciplina que nunca llamo mi atención. Sin embargo, por aquel entonces tenía varios amigos que ya estaban estudiando esa carrera y me decían que era la carrera del futuro y que iban a ganar mucho dinero. Decidí acallar mi voz interior y hacerle caso a la voz de mis amigos. Ese fue un error que voy a lamentar toda mi vida.

Debido a que la carrera no me gustaba fui un mal estudiante. La terminé en 14 semestres y de puro milagro. Reprobé la mitad de las asignaturas en la retícula y saqué un promedio final de 7.8. Mediocre por decir lo menos. Después de terminar habría de tardar todavía alrededor de 6 años en titularme. Una vez finalizadas las materias estaba harto y también ya estaba trabajando.

Mi primer trabajo fue en la presidencia municipal, aquí en Celaya. En esas fechas lo que estaba de moda era Visual Basic, las certificaciones de calidad ISO-9000 y los sistemas de evaluación al desempeño. Microsoft y Bill Gates eran los grandes nombres y mucha gente dentro del mundo IT aquí en México quería seguir sus pasos en cuanto a la aplicación de políticas de código cerrado. A ver si ellos también se hacían ricos. En ese sentido el software libre era un respiro. Durante mi tiempo en la presidencia escribí un software de evaluación al desempeño en Visual Basic 6 que luego el corrupto de mi jefe vendió a otra presidencia municipal. Que yo tenga noticia, el software nunca se utilizó. Hubo cambio de partido durante un cambio de gobierno y no hubo continuidad. De todos modos era una aplicación muy mal hecha. La hice usando un VB6 pirata que a la hora de crear un archivo ejecutable tronaba. Para hacer funcionar la aplicación, VB6 tenía que ser instalado en la computadora donde el programa se ejecutaría. Tiempo después me despidieron y empezó una de las etapas más difíciles de mi vida.

Esta época entre el 2003 y el 2008 fue difícil porque repentinamente me vi desempleado, me estaba costando trabajo conseguir un nuevo empleo, tenía dos niños chiquitos y tenía deudas de carro y casa. Y encima de todo eso no estaba titulado, lo que limitaba en gran medida las oportunidades a las que tenía acceso.

Por aquellos años me uní al grupo linuxero del bajío con la esperanza de aprender de los mejores. Se supone que el objetivo de ese grupo era reunir a los entusiastas del software libre y evangelizar sobre su uso. En vez de eso, mi percepción fue que los fundadores eran un montón de esnobs. Cuando empecé a ir a las reuniones yo ya estaba trabajando como técnico de refrigeración en la Pepsi. La empresa se llama Bebidas Purificadas del Centro. Me las arreglaba para ir a escondidas de mis jefes a las reuniones del grupo linuxero aunque no siempre lo lograba. Creo que fue alrededor de esos años en que el grupo estaba más activo. La verdad es que me sentía incómodo. Intentaba encajar pero no encajaba. Me llamaban condescendientemente el chico pepsi. Desde mi perspectiva yo sentía que todo mundo la estaba haciendo gacha, mientras yo batallaba para llevar el sustento a casa. Una vez, queriendo hacer una aportación comencé a organizar una reunión que al final tuve que cancelar porque todo el mundo me canceló. Ese era el nivel de compromiso de toda esta gente.

Había un cierto aire de grandeza entre algunos de los fundadores de dicho grupo. Al menos así yo lo percibía. Eventualmente, esas ínfulas de superioridad dieron al traste con el grupo pero es fecha que esas personas se siguen rascando la cabeza mientras se preguntan qué fue lo que salió mal. Todavía existe un sitio web que se niega a morir y quieren que algún alma caritativa se encargue de el para levantarlo y revivirlo y eventualmente resucitar al grupo. Obvio nadie se apunta porque es mucho trabajo pero también hay algo que estos listillos no te dicen. La página, su logo, el nombre de dominio y el hosting representan un conjunto de activos y propiedad intelectual que trabajados adecuadamente pudieran convertirse en un producto comercial. Entonces si algún tonto se apunta a levantar el sitio y el grupo, va a haber por ahí personas que van a saludar con sombrero ajeno. Y en la desafortunada eventualidad de cualquier desacuerdo te dan un patadón en las nalgas y se quedan con tu trabajo.

El problema del sitio del grupo linuxero del bajío es que es pretencioso. Desde hace más de 10 años está en terapia intensiva, comatoso pero negándose a morir de una buena vez por todas. Sin embargo, muy de vez en cuando da señales de vida. El sitio pretende ser superior intelectualmente. Da la impresión que los posts deben al menos parecer inteligentes. Sin embargo, es así como conocí de la existencia de La Trinchera Divergente y decidí apuntarme al proyecto que está compuesto por sangre nueva.

Hasta hace poco pensé que el sitio del grupo linuxero estaba extinto y siendo que tengo una pequeña inversión en nombres de dominio, pensé que podría comprar ese dominio y formar mi propio grupo linuxero. Es un dominio .org, lo que le da un aire de solemnidad, como de ONG. Me llevé la sorpresa de que el dominio continuaba registrado. Eso sí, según los archivos de ese sitio, la persona que tiene la propiedad del dominio, un tal Ceyusa, se queja cada cierto tiempo que sigue teniendo que pagar por los servicios de hosting y renta de dominio anualmente y que nadie se mocha y nadie se hace cargo del sitio para levantarlo. Ese Ceyusa es un todo un personaje.

Les cuento una anécdota vivida con dicho personaje. Una vez fue a visitar a unos amigos suyos a Manchester durante el tiempo que yo estaba estudiando el doctorado. Me escribió un correo avisándome que iba y que si quería participar en una cena. Accedí. En aquel tiempo tenía una gran admiración por el tipo porque el representaba todo lo que yo quería ser y no había podido. Un desarrollador de software con cierto reconocimiento que viajaba por el mundo y se codeaba con algunos de los máximos exponentes del software libre. Sin embargo, por alguna razón yo nunca le caí bien o le era indiferente. Creo que él pensaba que no estaba a su altura intelectualmente hablando. Debo decir que durante la época más difícil de mi vida mucha gente me miraba por encima del hombro, incluido Ceyusa y el compararme con ellos me hacía sentir miserable. Mi autoestima estaba por los suelos. Bueno, fui a la cena. Fue todo un fiasco. Les caí mal a sus amigos iguales de esnobs que Ceyusa y al final de la cena, ya cuando me despedía, alcancé a ver que Ceyusa me miraba con coraje. Había logrado algo que él no. Hacer un doctorado en el extranjero becado por el Conacyt. Y no porque él no pudiera sino porque las decisiones de vida que él había tomado ahora se lo impedían. Cambiar de rumbo habría significado perder mucho para empezar de cero con toda la incertidumbre que eso conlleva.

El fiasco de esa velada consiste en que al mismo tiempo que Ceyusa me escribía, recibí una llamada de una chica con la que estaba saliendo. Me habló invitándome a su casa para que le calentara la cama. Creo que era otoño en Manchester, oscurecía temprano, llovía y hacía frio. El haber rechazado la invitación de una chica a compartir su lecho para ir a hacerle el caldo gordo al tal Ceyusa es algo que siempre voy a lamentar. Tuve la oportunidad de redimirme con la chica pero oportunidades como esa NO se deben rechazar jamás. Hoy si mi mujer quiere que la atienda, no lo pienso dos veces.

Después del doctorado regresé a Celaya y durante tres años estuve buscando colocarme de base como investigador en alguna institución o centro de investigación aquí en México sin éxito. Todo lo que obtenía eran contratos temporales y mal pagados. O bien, recibía ofertas para realizar estancias postdoctorales las cuales considero una gran pérdida de tiempo. Esto en parte porque yo ya había hecho un postdoc en Inglaterra. Yo buscaba ser investigador a tiempo completo.

Y esto nos trae de vuelta al presente. Recién hace dos años decidí echar por la borda todo lo relacionado a la ingeniería mecánica o a la ciencia de materiales y empezar de nuevo desde cero. Hace dos años obtuve mi primer trabajo como desarrollador de software en una empresa de Guadalajara. Recién hace dos meses me cambié de compañía por un mejor sueldo y prestaciones. En la primera empresa estuve trabajando en un equipo de monitoreo. En mi actual empleo estoy trabajando desarrollando microservicios. En otros posts les hablaré de que se trata exactamente.

Estoy muy contento con lo que estoy haciendo ahora. Sin embargo, me han empezado a atormentar los pensamientos de que hubiera pasado si me hubiera dedicado al desarrollo de software desde un principio. Tal vez de haber recibido un buen consejo por parte del grupo linuxero, de haber leído un post inspirador mi vida pudo haber sido muy distinta. Nunca lo sabre pero no puedo evitar el sentir un sabor agridulce en la boca. Ahora hago lo que siempre quise hacer y mi carrera aunque tardía está empezando a despegar. Ojalá en este grupo sea capaz de realizar buenas aportaciones que realmente ayuden a otras personas a resolver sus problemas. Si has llegado hasta aquí, te agradezco mucho el haberte tomado tu tiempo para leerme. Un saludo.

1 reply on “ Berrinche ”
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